Vila-Matas ha logrado al fin su objetivo como escritor: desaparecer. Gracias a Dietario voluble, ese libro que he ido escribiendo mientras lo leía en terrazas barcelonesas por las que en algún momento esperaba ver pasar a su falso autor para poderle mirar como si fuera transparente, mientras maldecía mi reciente abstemia, que me condenaba a no visitar el Belvedere, una coctelería cerca de mi casa que Vila-Matas y yo frecuentamos, donde hemos coincidido varias veces; él invisible y yo borracho.
Me he gustado mucho en este Dietario voluble. Aunque he tenido que recurrir al catálogo de La Central para dragar algunas lagunas literarias; libros que había leído y no he leído aun.
Vila-Matas todavía no sabe que no es el autor de su último libro. Tengo que decírselo. Que acabo de reiniciarme el disco duro con su Dietario voluble dentro: lo acabo de arrancar.
Mentiría si dijera que me molesta la mano de Vila-Matas dentro de mi pantalón. Solo espero que sea un gesto cariñoso y no me esté buscando el reset. No lo va a encontrar. No ahí.



¡Qué buen comentario! Así da gusto, y rabia no tener el libro a mano para empezarlo ya, y eso que se me atragantó el único libro suyo que compré. De eso hará dos años, desde entonces miro de reojo sus libros. A ver si con este título se me pasa.
hermoso comentario. El escritor invisible logra ser traductor de un idioma que no conoce para que otro hable.