Qué complicado explicar por qué aborrezco los proyectos Nocilla, y me gustan los libros de Julián Rodríguez o este de Peio H. -debe de molar ser el padre de Peio: ser el Señor H. suena de puta madre-, tan difícil que no pienso hacerlo. El blog es mío, gratis y escribo lo que quiero. Ea.

De Todo lleva carne me gustan hasta los andares. Me gustan, especialmente, los andares. Conste que yo NO soy una moderna al uso, ni devoto consumidor de literaturas fragmentarias. Tampoco suelo entretenerme revolviendo en cajones de sastre de papel donde todo cabe, basta con que se doble bien o se reduzca a Pedro Ximénez al absurdo. Y conste también que esta semana dedico mis noches a alternar la lectura en la cama de Dickens y Thomas Mann. Pero que de día cargo con libros más ligeros de peso.

Claro que tuve mis reservas con el último estreno de Caballo de Troya (un beso, señor Bértolo). Tanto salto de página a párrafo, tantos fogonazos, frases brillantes, escenas de angustia y pateos al tablero me desconcertaron al principio; me hicieron pensar que era yo escribiendo en vez de yo leyendo (para mí, el mayor problema de estos libros a piezas: que sacan el adicto al Lego que hay en mí hasta que me doy cuenta de que no estoy allí para hacer sino para mirar. Que no soy quien elige los pedazos y los une, sino que tengo que relajarme y disfrutar. Callarme de una puta vez y escuchar, ¡coño!, que me están hablando).

Cuando me volví lector, entonces, fue cuando Todo lleva carne -un título que me encanta y que no puedo evitar asociar con la preciosa antología poética de mi queridísimo Luis Muñoz, Limpiar pescado- me empezó a gustar. Y mucho. A acogerme y, lo mismo que una delicia liofilizada, empezar a esponjarse hasta crecer y hacerse comestible como libro estupendo sobre el que me he pasado pensando toda la mañana. Pensando tanto que ya no creo que haya partes que me gusten más que otras, que no valoro las piezas por separado, ni me apunto versos sueltos. Es un entero. Me gusta así.

Y como El blog es mío, gratis y escribo lo que quiero. Ea, me lanzo incluso a aventurar mi propia sinopsis:

Todo lleva carne es un libro que pone orden, que mira alrededor y a veces al pasado para constatar que todo es una mierda comestible, pero una mierda que su autor tiene que ser capaz de explicarse, ir limpiando a conciencia -de eso abunda en el libro- como su única manera; como otros construyen una cuna de madera a mano, o una gitana pasa las primeras contracciones del parto “fregando los suelos o limpiando lo que fuera para no pensar en ellos”. Como la mejor manera que Peio -el hijo del Señor H.- tiene para preparar la llegada de su primer hijo - “Lucas late”- al mundo. Otro se habría pasado el sábado en LeRoy Merlin eligiendo pinturas de colores pastel y muebles en maderas claras para el dormitorio del chaval. Peio H. se ha pasado la vida escribiendo un libro del que no puede escaparse. Un buen libro.


5 comentarios a “‘Todo lleva carne’, de Peio H. Riaño”  

  1. 1 Antonio Jiménez Morato

    Yo leí la novela -vamos a llamarla novela, por qué no- como un tiro. Y me gustó. Me gusta mucho que sea fragmentario -lo fragmentario no lo inventó el Nocillismo, por cierto- porque yo creo que en el fragmento está la poética contemporánea. Sigo a Benjamin en esto, claro. La superposición de fragmentos es la forma que toma hoy la vida. A mí me interesa, sobre todo, lo que me dijo Peio al teléfono: ¿De qué escribir cuando se tiene todo? El enorme mercado que es la vida de hoy nos pone todo al alcance de la mano, y eso anestesia nuestro yo, refuerza nuestros miedos y nos hace olvidar qué es la vida. Como bien señalas, Peio lo indica de un modo escueto, claro, directo: Lucas late. No hace falta decir más para decirlo todo. La economía en el estilo nos señala que eso que llaman vida desde el catálogo de IKEA es prescindible, es superfluo. Yo creo que este libro habla de lo difícil que es ver lo Real cuando se nos bombardea constantemente con una realidad simbólica tan poderosa. Por eso te gustó a ti y me gustó a mí, porque nos habla de otras cosas a las que muchos no quieren mirar.
    Un placer

  2. 2 Carlos

    Lo diré de un modo claro, escueto, directo: Morato pelota. Y eso de Benjamín, ¿cuál? ¿Jarnés?

  3. 3 Haciendo el pino

    El titulo lo dice todo: no hay en este libro nada fofo, todo es chicha.

    Yo me quedo con un par de frases: “Eres un ser lleno de erratas” y “Estoy desorientado, como con la camiseta del reves”.

  1. 1 It´s my party! « J. S. de Montfort escribe
  2. 2 AlexanderGreat

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