El cómic que le ha escrito Miguel Gallardo a su hija María es de una belleza conmovedora. Es una declaración enorme de amor, admiración y respeto de un padre por su hija. Autista.

‘María y yo’ es también un apasionante ejercicio literario, una inteligente respuesta al ‘para quién escribo’. Que, en el caso de Miguel y María, se responde con un ‘para quién dibujo’. Para qué. Para asentar un mundo lleno de nombres propios, recuerdos y cascadas de arena. Para que María esté en un libro. Para que la conozcamos. Para que, si Miguel Gallardo escribe alguna vez una segunda parte, estemos seguros de figurar en la página de los agradecimientos. Ser uno de aquellos que no miran a María de mala manera.

Ni a ella ni a Vanesa, de quien todavía me acuerdo de vez en cuando. Mucho al leer este libro. Vanessa también era autista. Su madre y yo trabajábamos juntos, ella me llevaba cada mañana en coche a la oficina y de camino dejábamos a su hija en el colegio. Nos reíamos en el asiento de atrás, cuando estaba de buenas me abrazaba, me daba besos, me pellizcaba y le encantaba jugar con unos monstruos de goma muy feos. Me hacía muy feliz. Fue lo mejor de ese primer trabajo de mierda. Del que, por cierto, me echaron. Por maricón. Hace veinte años de eso. Y aún me acuerdo. De Vanessa.

… es un libro estupendo.


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