Tengo bastantes, y excelentes, razones para UNO, haberme comprado este libro, DOS, habérmelo leído y TRES, hablar muy bien de él.

Porque soy muy diva del blog de Abel Arana; me encanta el ritmo de sus frases, lo bien que utiliza los tacos y los eufemismos con malísima hostia. Porque alguna vez nos hemos intercambiado corre-e-os y me ha parecido un tipo encantador, divertido y muy generoso.

Porque en los agradecimientos del libro descubrí que tenemos una amiga común, que entre los nombres y apellidos que cita al principio de su novela está el de mi adorada Señora Estupenda. Y eso, me ha hecho muchísima ilusión.

Y porque ‘Historias de Chueca’ tiene muchísima gracia, ninguna pretensión y momentos realmente hilarantes. Porque sale Marta Sánchez en casi todos los capítulos y José Luis Moreno (que es un artista que a Abel le encanta, aunque no se atreva a confesarlo en ningún momento de su novela).

Porque es una historia absurda que me recuerda otra época igual de absurda en mi vida, porque habla de ese templo derruido que fue el Pasapoga y porque me ha recordado esas grandes noches de farra y mucha ginebra cuando bailaba rodeado por musculocas tan puestas hasta las trancas que incluso se dejaban comer la boca ¡por mí! Y eso, a mi persona -que diría Andrés Burguera-, en esa etapa de mi vida, le dio muchísima alegría, muchísimo subidón y unos egotrips de no te menees.

Por todo eso y porque una no puede pasarse todo el día leyendo ‘La montaña mágica’ sin desfallecer. Y menos aún con este calor. Porque no todos los libros sirven para todos los momentos, y porque si buscas desesperadamente un susutituto para esos libros divinos de Jackie Collins que tan bien se leen en la tumbona de la piscina, ese es Abel Arana. Que no es Gide, ni falta que le hace, la verdad.


Sin comentarios a “‘Historias de Chueca’, de Abel Arana”  

  1. No hay comentarios

Deja una respuesta



Comparte este artículo